EL FINAL DE LA BASURA
Lic. José Roberto Acosta.
CESTA.
Llegó el día en que comienza el final de la basura, con esta frase inicia el editorial de un periódico con fecha lunes 19 de enero, en alusión al slogan de campaña, repetido hasta la saciedad, por el recién electo Alcalde de San Salvador, indudablemente este editorialista no tiene ni la más mínima comprensión de lo que escribe, no en este caso, támbien en otros donde aborda temas ambientales con conceptos y datos equivocados. De lo que no hay duda es de que a partir del uno de mayo el señor Quijano será el Alcalde de San salvador por espacio de tres años.
¿Será posible, en tres años, terminar con la basura?. Para responder esta pregunta hay que recordar que por ser la basura una creación de los seres humanos, convive con las sociedades desde hace muchos siglos. Las primeras referencias escritas que ilustran la existencia de botaderos a cielo abierto datan de tiempos del Imperio Romano, hace más de 2000 años.
Durante la Edad Media la práctica más común era botar los desechos a orillas de calles en terrenos desocupados, sin tener mucho conocimiento acerca de las consecuencias directas para la salud de la población. Estos problemas se potenciaron con la llegada de la “Revolución Industrial”, debido a dos razones: un aumento exponencial en la producción de mercancías para el consumo y la concentración de la población alrededor de las fábricas, lo que posteriormente da origen al concepto de urbanismo. Es precisamente este período el que algunos teóricos toman como punto de referencia para hablar del tema de la basura y de los problemas sanitarios que ocasiona.
En El Salvador, los primeros antecedentes en el tema se ubican durante la época de la colonia, muchas familias españolas se radicaron en el territorio lo que provocó la importación de bienes de consumo desde Europa, los cuáles posteriormente se convirtieron en desechos y finalmente en basura, en este contexto no es remoto pensar que en las cercanías de las haciendas se ubicaron los primeros botaderos a cielo abierto.
En los tiempos modernos la basura se ha convertido en un verdadero problema, datos de la Organización Panamericana de la Salud, establecen que cada habitante de El Salvador genera en promedio 1.4 libras de basura al día, aclarando que quienes viven en zonas urbanas generan 1.6 libras y quienes viven en zonas rurales sólo 0.33, al multiplicar esta producción percápita por la cantidad de salvadoreños y salvadoreñas hace un total de 2,800 toneladas de basura producidas cada día en el país. El 50% de este volumen se genera en el Area Metropolitana de San Salvador. Pero además de la cantidad, otro problema de igual dimensión es la calidad de esta basura, es decir su composición química y física. Varias de estas toneladas son desechos peligrosos, compuestos que contiene plomo, cromo, mercurio, arsénico, cadmio, asbesto y otros venenos que pueden permanecer en el ambiente casi durante la eternidad.
La solución al problema de la basura no se limita a su recolección, transporte y disposición en un relleno sanitario, que dicho sea de paso todos los rellenos sanitarios del país y del planeta contaminan el ambiente y por lo tanto son un peligro para las personas y los ecosistemas. Sin duda el problema es complejo, además de las implicasiones técnicas, económicas y políticas debe tenerse muy en cuenta los hábitos de la población y sobre todo la fuerza de un sistema económico que insita al consumo desmedido. De hecho la esencia del capitalismo radica en la producción y consumo de mercancías.
El tema es serio, un slogan de campaña electoral que propone el fin de la basura, es totalmente demagógico, porque de antemano se sabe, o por lo menos debiera saberse, lo que implica, entendiendo que cuando se habla de terminar con la basura no basta con recogerla en la ciudad y llevarla a un relleno, lo que únicamente equivale a trasladar la basura de un lugar a otro.
Es paradojico, pero con la única basura que se puede acabar es con la que nunca llega a producirse. Esto se logra con una fuerte inversión en campañas y procesos educativos, con el impulso de programas de reciclaje y compostaje, con la aplicación de ordenanzas municipales que regulen determinados comportancimientos y hábitos de la población; sin embargo, aún son medidas insuficientes. Abordar el problema de manera responsable demanda de una política de nación, orientada a cambiar la cultura del país, empezando por hacer las modificaciones necesarias al marco legal e institucional, creando así las condiciones para que se reduzca al mínimo posible la cantidad de basura que se genera; esto requiere de medidas valientes como prohibir el uso de bolsas plásticas o al menos incrementar significativamente su precio, estatizar los rellenos sanitarios del país y administrarlos desde el Ejecutivo, legislar para que las empresas paguen los verdaderos costos de lo que implica el manejo de la basura que generan sus productos, prohibir la publicidad de productos superfluos e innecesarios que estimulan la generación de basura, entre otras.
Tomando en cuenta estas consideraciones ¿será posible terminar con la basura?, desde mi humilde opinión la respuesta es SI, es posible terminar con una buena parte. Entonces la nueva pregunta es ¿Podrá el proximo Alcalde Norman Quijano terminar con la basura?, la respuesta es NO, porque no tiene ni la capacidad, ni la voluntad, ni mucho menos la sabiduría para hacerlo y en el muy remoto caso que la tuviera, los grupos económicos que pagaron su campaña electoral no se lo van a permitir.